Vivir este día como si fuera el último

¿Qué haríais si os dijeran que solo os quedaba un día de vida? ¿Haríais una lista con todos esos deseos que os quedan por cumplir y correríais a ponerlos en práctica? ¿Os dedicaríais a poner vuestra vida en orden? Imaginad que por un momento esto es real y habéis de vivir este día como si fuera el último.

VIVIR ESTE DÍA COMO SI FUERA EL ÚLTIMO

Vamos a ponernos en el hipotético caso que el anuncio de nuestra próxima desaparición no nos deja fuera de combate y que decidimos aprovechar las 24 horas que nos restan a tope.

Son 24 horas preciosas, las últimas de nuestra vida. No podemos desperdiciar ni un minuto.

Echamos la vista atrás y nos quedamos anonadados de todos esos tiempos muertos que han presidido nuestro día a día. Si lo hubiéramos sabido… Pero no hay tiempo de revisar el pasado ni de lamentarse. Urge ponerse en marcha.

Y lo primero de todo es echar un vistazo a la agenda.

ADIÓS A LAS ACTIVIDADES QUE NO NOS NUTREN

Tomamos la agenda y nos quedamos espantados viendo todas aquellas actividades y compromisos que hasta ahora han llenado nuestros días solo por tener algo que hacer o porque lo hacen los demás.

Pero, en realidad, no nos interesan. Están ahí para llenar un vacío profundo, una insatisfacción que nos persigue desde hace tiempo. Quizá desde el momento en que nos quedamos «dormidos» y aparcamos nuestros sueños.

Es el momento de despertar, tomar un rotulador rojo y tachar de nuestra agenda todo aquello que no nos nutre.

Es el momento de preguntarnos, honestamente, qué es lo que queremos en nuestras vidas.

RESPONSABILIDAD POR LA PROPIA VIDA

Nos quedan solo 24 horas.  Ya no vale de nada lamentarse ni echar balones fuera. No vamos a perder esas preciosas horas buscando a quién echar la culpa de lo que nos sucede.

Hemos decidido aparcar la mente reactiva y ser proactivos. Al fin y al cabo, somos los primeros responsables de nuestra vida.

Urge tomar las riendas.

Miramos a nuestro alrededor y tratamos de comprender la realidad que nos rodea de forma objetiva.

Después, miramos en nuestro interior y nos damos cuenta de en qué forma han influido nuestros modos de pensar y reaccionar, nuestras creencias y nuestras expectativas en todo lo que hasta ahora hemos atraído a nuestra existencia.

Decidimos tenerlo en cuenta.

Al menos, este día, sí vamos a vivir conscientemente.

SOLTAR Y ABRIRNOS A LO NUEVO

Cuanto más mayores nos hacemos más nos molestan los cambios.

Ahora, no tenemos más remedio que aceptar lo que nos viene, si queremos aprovechar el tiempo que nos queda.

Estas 24 horas no pueden transcurrir como siempre. Tenemos que vivir este día como si fuera el último. Por ello, lo siguiente es desprendernos de los viejos modos de pensar.

Estar dispuestos a soltar y abrirnos a lo nuevo no es fácil. Estamos demasiado apegados a una falsa concepción de nosotros mismos. Pero nosotros podemos ir más allá de todo eso. Podemos reinventarnos.

Este ultimátum a nuestras vidas hace añicos nuestras creencias y límites mentales. Liberada de este lastre, emerge una nueva forma de ser y de relacionarnos con el mundo. Volvemos a ser niños, a vivir con ilusión, con curiosidad.

Cada cambio lleva en su seno la semilla de la oportunidad. Decidimos ir en su busca.

LA LISTA DE LOS DESEOS

El siguiente paso es elaborar una lista de deseos, donde marquemos nuestras prioridades.

Nos queda poco tiempo, por lo que no vamos a ser demasiado ambiciosos y nos vamos a centrar en pocas cosas, solo en las verdaderamente importantes.

Trazamos un plan para lograr nuestros objetivos. Valoramos los pros y los contras y  vemos si estamos preparados para asumir este reto. Decidimos hacer el 100% por nuestra parte y estar abiertos a toda la ayuda que nos llegue.

Puede que hayamos fracasado en el pasado pero eso ya no importa. Es el último día de nuestra vida y tenemos el coraje necesario para intentarlo una vez más. Todo lo que hemos vivido hasta ahora nos ha llevado a este momento. Aprenderemos de los errores cometidos y daremos un paso adelante.

EL ULTIMO ADIÓS

Nos queda poner en orden nuestras relaciones. Y despedirnos.

Echamos un vistazo a la lista de contactos y rememoramos a todas las personas que han formado parte de nuestra vida.

Imposible despedirse de todas, nos falta tiempo.

Además, con algunas la cosa no terminó demasiado bien. Muchas veces pensamos en volver a hablar con estas personas y tratar de aclarar lo que sucedió, pero el orgullo o la desidia nos venció.

Ahora, lo que pasó parece que ya no importa tanto. Ante la gravedad de la situación sostener esas pequeñas rencillas nos parece ridículo. El corazón se abre y se llena de amor incondicional y de agradecimiento. Decidimos despedirnos de ellas poniendo toda la intención en este pensamiento: «Gracias por haber formado parte de mi vida».

La familia y los amigos cercanos nos esperan. Es el momento de mirarles a los ojos y darles el mejor de los abrazos: «Gracias por tu presencia, por compartir mi día a día, por escucharme, por tantos momentos maravillosos juntos. Gracias también por ser como eres, por enseñarme a respetar lo diferente, por aprender tanto a tu lado».

LOS MINUTOS FINALES

Quizá quedan muchas cosas por hacer, pero 24 horas no dan más de sí.

Hemos dejado para el final lo mejor.

Nos retiramos solos a un hermoso lugar en la Naturaleza. Estamos descalzos y caminamos sobre la hierba verde y fresca. El trayecto es muy agradable y sentimos una gran paz.

Llegamos hasta el borde de un precipicio y contemplamos el mundo a nuestros pies.

Nunca lo habíamos visto así.

Experimentamos un fuerte sentimiento de comunión con todo lo que nos rodea. Hemos trascendido los límites corporales y del ego y nos damos cuenta de que formamos parte de algo más grande y poderoso.

Nos sentimos bien.

Empoderados, responsables, conscientes, ilusionados, voluntariosos, amorosos y en paz…

Es el momento de dar el salto.

LA PRÓRROGA

Nos habían dicho que nos quedaba un solo día de vida…

Pero aquí estamos, jugando la prórroga.

Nos hemos despedido de la vida vieja, la que ya no nos vale, la que nos está impidiendo crecer.

Hemos dado el salto y ahora tenemos la oportunidad de poner en práctica todo lo aprendido y crear una nueva y buena vida.

Vivir este día como si fuera el último nos ha abierto los ojos y a partir de ahora las cosas serán muy distintas.

Independientemente de lo que ocurra afuera.

Os abrazo, María

Imagen de StockSnap en Pixabay

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Comunicadora, escritora, investigadora en el camino del autoconocimiento, el bienestar y el crecimiento personal. Inspirada por el viaje del ser humano hacia una mayor vibración energética y un mayor grado de conciencia. Mi cometido, más allá de métodos o terapias, es facilitar espacios para que la conciencia despierte.

2 respuestas a «Vivir este día como si fuera el último»

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