Rescatando al Niño Interior

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Rescatando al niño interior. En mi caso, a la niña interior. O, mejor dicho, a las niñas, a las diferentes niñas que he sido. Te cuento cómo.

LA PRIMERA NIÑA

Fue durante una meditación. La vi venir hacia mí: era muy pequeña, 3 ó 4 años a lo sumo, pero ya sabía lo que era sentir honda vergüenza. Había tenido un percance en el colegio y había sido recluida en un rincón a donde sus otras compañeras se acercaban para burlarse de ella, con la inconsciencia de la infancia. La vi tan desvalida, tan perdida…

En ese momento sentí una gran compasión y dulzura y le tendí la mano. Ella se apresuró a tomarla y se sentó en mi regazo, donde yo la conforté y asumí su pesada carga después de tantos años. La sentí por primera vez ligera y despreocupada. Por fin podía dedicarse a otras cosas, a jugar y a reír, en vez de seguir sufriendo en su oscuro rincón.

Y SIGUIERON TODAS LAS DEMÁS

Después vinieron las demás, a veces de una en una, otras por parejas, cogidas de la mano.

Al principio aparecían tímidamente, luego de forma descarada, pues se había corrido la voz.

Todas mis niñas volvieron a contarme de sus labios las circunstancias que las mantenían atrapadas en el tiempo, sin poder integrarse en mí y todas ellas fueron escuchadas, aceptadas y liberadas.

Algunas veces nos reímos juntas, otras lloramos, pero siempre brillaba la ternura y el agradecimiento por sostener, durante tantos años, el pasado.

Y tras las Niñas, vinieron las Adolescentes, las Jóvenes, las Mujeres, unas esperando su turno pacientemente, otras, colándose subrepticiamente porque, explicaban, lo suyo ya no podía esperar más. Y así hasta hoy.

RESCATANDO EL PASADO

La tarea de reunir los pedazos de mi personalidad me ha brindado amor, fuerza, entendimiento y esperanza para vivir la vida, para levantarme todos los días agradecida, para emocionarme ante la belleza, para responder a los retos de cada día.

No es tarea fácil, pensamos, pero lo difícil, realmente, es dar el primer paso, y abandonar definitivamente nuestra posición de víctima.

Somos adultos. Ahora tenemos herramientas que no teníamos de niños. Ahora es el momento de emprender el rescate, porque, en algún lugar, nuestro Niño Interior, nuestra Niña Interior, está precisando que, por fin, tomemos el mando.

Os abrazo, María.