Ojos que no ven…

Una buena amiga me decía hace poco que ya no se pelea con su hijo para que ordene su habitación. Después de unos cuantos años de broncas y malos rollos, ha decidido tirar la toalla y, ahora, cada vez que pasa por delante del cuarto del adolescente, se limita a cerrar la puerta. Me lo comentaba como si fuera un gran logro: «Así, al menos, estoy tranquila.» Y yo, que estoy muy refranera últimamente, me acordé del dicho: ojos que no ven, corazón que no siente.

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