quién soy yo

Quién soy yo

Hace ocho años escribí un artículo comenzando con la frase: «¿Quién soy yo?», la eterna pregunta de la humanidad en su viaje hacia el autoconocimiento. Esa pregunta que seguro tú también te haces, especialmente cuando paras un momento y vuelves la mirada a tu interior. Hace ocho años yo emprendía una nueva etapa en mi viaje y hoy, al volver a formularme la pregunta, me he dado cuenta de todo el camino realizado. Un camino en el que tú, a buen seguro, te encuentras también. ¿Pero en qué momento del camino? ¿Quieres saberlo?

EL COMIENZO DEL VIAJE

Pero empecemos por el principio, si es que hay un principio, pues sé que mi vida, nuestras vidas, no empezaron el día del nacimiento, ni siquiera el de la concepción. Como ya sabes, venimos al mundo con una programación genética y ancestral que, sin lugar a dudas, va a condicionar nuestra trayectoria vital.

Así que no venimos solos a este mundo, traemos equipaje.

Y en este equipaje vamos a poder encontrar muchas cosas que nos van a ayudar en nuestro día a día y otras muchas que nos van a estorbar.

Sin embargo, tanto unas como otras van a ser necesarias en nuestro viaje de autoconocimiento. Nos van a dar muchas pistas acerca de nosotros, de nuestras elecciones y decisiones.

Pero no me adelanto.

En la mayoría de nosotros, la búsqueda consciente de nuestra identidad va a empezar más tarde.

De momento es más que suficiente hacerse un sitio en la vida.

Aunque, sin que lo sepamos, el viaje ya ha comenzado.

ENCONTRAR NUESTRO SITIO

Durante los primeros años de nuestra vida necesitamos crear vínculos a nuestro alrededor. La pertenencia a un grupo (familia, amigos, compañeros de colegio) es decisiva para forjar nuestra personalidad. A través de las relaciones vamos conociéndonos a nosotros mismos, pues son el espejo en el cual, muchas veces sin saberlo, nos reflejamos.

Más tarde, buscamos ampliar nuestras relaciones. La pareja y el trabajo son los dos grandes grupos de pertenencia de nuestra madurez.

Y después, para muchos de nosotros, los hijos. Crear una familia propia.

Echando la vista atrás, y no demasiado, nos damos cuenta de que para las generaciones anteriores esta era la etapa culmen de la vida: tenías pareja, tenías trabajo, perfecto. Tenías hijos que se ocuparan de ti en tu vejez. ¿Qué más podías pedir? Habías alcanzado tu meta.

Pero en todas las épocas ha habido personas que se han sentido extrañas a todo esto. Personas que no encajan, que no logran encontrar su sitio, porque en su fuero interno buscan algo más.

Este sería el siguiente paso en nuestro viaje.

EL CAMBIO

Cuando la pertenencia al grupo deja de interesarte y empiezas a querer expresarte de una forma más personal, te encuentras en esta fase del camino.

La mayoría de los adolescentes atraviesan esta etapa de ruptura y es normal, porque están en busca de su identidad. «Quién soy yo» acaba de aparecer.

Cuando, ya de adultos, experimentamos esta sensación es porque ya no nos vale el camino que hemos emprendido. Algo, dentro de nosotros, nos empuja a dejar atrás algunas cosas hasta el momento muy importantes (estudios, relaciones, trabajo).

Los cambios drásticos no son bien vistos a nuestro alrededor y por ello somos frecuentemente cuestionados y criticados, como te contaba en Cómo superar el miedo al rechazo y ser tú mismo.

Esta es una etapa en la que, si nos movemos a nivel del ego, nunca vamos a encontrar satisfacción. Porque el ego es insaciable. Los cambios materiales pueden producir un alivio momentáneo pero no una dicha duradera.

Si la energía que nos mueve es más profunda, la propia vida nos va a ayudar a emprender otro camino.

LA BÚSQUEDA

La búsqueda activa de nuestra identidad se produce a partir de un hecho significativo que va a hacer añicos nuestra forma de ver la vida.

Como ya te he comentado más veces, la crisis o el clic maravilloso, suelen ser las dos vías recurrentes en el detonante de esta fase.

Aquí, aunque a veces no lo sepamos, ya no nos estamos moviendo a nivel del ego. La voz que nos impulsa desde nuestro interior es la voz del ser total que en realidad somos, el self o sí-mismo, como lo llamaba Carl. G. Jung.

Esta fase puede ser muy dura para algunos, sobre todo cuando tienes que abandonar todo lo construido hasta ahora y empezar de nuevo.

Date cuenta de que tienes que dejar atrás, en primer lugar, la personalidad, la identidad tan duramente creada por tu ego, si es que te va a estorbar en el camino.

El orgullo es lo primero que cae, pues solo desde la rendición podemos abrirnos a todas las enseñanzas que nos aguardan.

Por eso, cuando te aferras al trono del ego, la vida no tiene más remedio que hacerte caer.

En mi caso así fue. Y cuando me encontraba en el suelo, todavía aturdida por el golpe, me dijo: «Esta es tu vida. Mira lo que, de ahora en adelante, vas a hacer con ella».

La vida me dio una de cal y otra de arena. Porque poco después sucedió el «clic maravilloso». Y entonces la búsqueda se convirtió en algo apasionante. Sin embargo, los altibajos siguieron sucediéndose y hubo momentos en los que sentí que no avanzaba.

Esta fase es muy larga y puede superponerse con las siguientes. De alguna manera, estaremos en ella siempre que haya algo que completar.

LA ENTREGA

Cuando la rendición es total se produce la entrega.

Nos damos cuenta de que, ahora sí, estamos en el camino correcto, en pos de nuestra verdadera identidad. Y ponemos, a disposición de esta parte del camino, todos los recursos de que disponemos.

Además, contamos con ayuda. Porque ya no estamos solos. Nos acompaña la guía de nuestra voz interior.

A veces, es verdad, podemos dejar de escucharla. Y entonces podemos sentirnos desorientados, perdidos. Es la llamada noche oscura del alma. Pero solo es una prueba más del camino, para desarrollar nuestra confianza e intuición.

Es en esta fase cuando podemos, si no lo hemos hecho ya, iniciar una práctica espiritual o de crecimiento personal. Para ello, nos ayudamos de herramientas como la Meditación, Yoga, Chi Kung, Reiki, entre otras.

También podemos volver a conectar con la oración, como una forma de comunicarnos con nuestra voz interior y agradecer las experiencias, oportunidades y aprendizajes de cada día.

LA SANACIÓN DEL PASADO

Esta es una fase clave en nuestro viaje.

Cuando somos capaces de perdonar el pasado, de perdonar a otros y, sobre todo, de perdonarnos a nosotros mismos, estamos listos para apreciar las siguientes fases del camino.

Sin embargo, esto no es algo que se pueda forzar. Tiene que surgir, que brotar, como una fuente. Y cada paso en el camino nos va acercando paulatinamente a esta fuente. Pero hay que estar abierto a ello. Tenemos que darnos permiso para que suceda.

Por eso, esta fase raramente puede producirse antes de La Entrega. Porque el ego herido no lo permite.

¿Cómo podemos prepararnos mentalmente para esta fase? En el artículo La luz de tu herida te conté como podemos transformar la energía del dolor en energía de amor que nos impulse en nuestro camino.

A nivel del corazón, los ejercicios que ayudan a abrir este centro energético pueden ayudar. Por ejemplo: Ejercicio para abrir el corazón.

Al igual que decíamos en el punto anterior, esta fase puede superponerse a las siguientes.

LA EXPERIMENTACIÓN DEL SELF O SÍ-MISMO

Esta fase la he colocado en este orden pero puede adelantarse y formar parte de la fase de La Búsqueda. Cuando así ocurre es a lo que yo llamo «clic maravilloso».

Se trata de una experiencia espiritual de tal calibre que ya no puedes entender la vida sin volver a experimentarla.

Esto es lo que dice C. G. Jung al respecto:

«Experimentar el sí-mismo significa que uno siempre es consciente de su propia identidad. Entonces, uno sabe que nunca podrá ser otra cosa que lo que es, que nunca se perderá a sí mismo y nunca será separado del sí-mismo».

En este punto del camino nos encontramos por primera vez con nuestra verdadera identidad. El encuentro será intenso y para algunos definitivo. Otros, sin embargo, aún habremos de seguir caminando un poco más hasta poder responder a la pregunta «Quién soy yo».

Porque de lo que se trata, en todo este viaje, es de ir trascendiendo límites y más límites, disolviendo capas, retirando velos… para encontrarnos a nosotros mismos.

Siempre estuvimos ahí, pero no podíamos verlo.

Cuando experimentas el sí-mismo tienes también claro tu propósito de vida, lo que viniste a hacer a esta encarnación.

LA EXPRESIÓN DE LOS DONES

En este punto del camino, cuando tenemos claro nuestro propósito de vida, puede que busquemos expresar nuestros dones, eso que nos diferencia y que podemos aportar a los demás.

Nace la vocación de servicio. Quieres compartir tus conocimientos y experiencias para que sean de utilidad a otras personas. Si este es tu  caso, la vida te proporcionará oportunidades para que puedas desarrollar esta tarea.

En ocasiones, «hacer» no será lo importante. Tu aportación al mundo será tu presencia, tu ejemplo. La vida te pedirá que, simplemente, seas fiel a ti mismo. Tu energía será la que marcará la diferencia y transformará todo a tu alrededor.

QUIÉN SOY YO

Y, por el momento, hemos llegado hasta aquí.

Intuyo que no es el final del viaje, ni mucho menos.

Seguimos caminando y aún nos aguardan muchas experiencias, muchos aprendizajes.

Todo ello nos acercará un poco más, cada día, al conocimiento de lo que somos.

¿Qué te ha parecido este viaje de autoconocimiento para encontrar tu verdadera identidad? ¿En que fase del camino crees que te encuentras? ¿Has respondido ya a la pregunta «Quién soy yo»? Me encantará que dejes un comentario.

Te abrazo, María

Deja una respuesta