los asuntos pendientes

Los asuntos pendientes

A punto de cerrar el año, he echado la vista atrás y reflexionado en todos los asuntos pendientes. Algunos de esos asuntos han surgido este año, pero otros vienen arrastrándose desde hace décadas. Algunos, incluso, puede que se fraguaran en el vientre materno. Puede que los más lejanos hayan llegado en mi equipaje genético y ancestral y ni siquiera los haya podido identificar aún. Puede que nunca lo consiga. El caso es que todo ello conforma lo que soy. Ahora, en el momento presente.

GESTIONAR LOS ASUNTOS PENDIENTES

Hace tiempo que tomé consciencia de que no tiene sentido pelearme con los asuntos pendientes.

Y mucho menos ignorarlos.

Por eso, ahora que el año está viejo y pronto a morir irremisiblemente es el momento de dar un paso para empezar a gestionar los asuntos pendientes.

Especialmente, aquellos relacionados con personas muy cercanas. Sí, esos que han forjado heridas muy profundas. Esos, que tanto nos duelen.

Y quiero invitarte a ti a hacerlo conmigo. Si tú quieres.

Para ello, la sincronicidad me ha llevado hasta el libro de Pablo D’Ors Biografía de la Luz. Entre sus páginas he encontrado un texto que nos va a ayudar a mirar cara a cara a los asuntos pendientes con nuestros seres queridos y cercanos. Nos va ayudar a enfrentarlos, aceptarlos… para que el proceso de sanar comience.

No hay sanación sin perdón.

Sí, aunque creas que hay asuntos imposibles de perdonar.

Leélo todos los días, una, dos veces. Verás cómo algo empieza a desbloquearse:

«METER A LOS DEMÁS EN EL PROPIO CORAZÓN»

El único modo para descubrir que tenemos corazón es meter a los demás en el propio corazón.

Pero no es posible meter a los otros en el propio corazón sin haberlos perdonado y sin habernos dispuesto para que nos perdonen.

Perdonar es la clave.

Perdonar primeramente a nuestros padres, por el inmenso mal que nos hicieron sin darse ni cuenta.

Perdonar a nuestros maestros y profesores, sobre todo por su incompetencia, pero también por su dejación y crueldad, vengándose en nosotros de su frustración.

A nuestros amigos –también a ellos–, puesto que a menudo no fueron verdaderos amigos.

A nuestros hermanos de sangre, porque compitieron incansablemente contra nosotros.

A nuestras parejas, cónyuges o amantes, porque llamaron amor a lo que no era amor. O porque permitieron alevosa o estúpidamente que una historia amorosa se malograra.

A nuestros compañeros o colegas, puesto que hicieron lo imposible para que no brillásemos.

A nuestros hijos, que reprodujeron con sobrecogedora fidelidad nuestros defectos.

A nuestros enemigos que se ensañaron contra nosotros, poniendo nuestra alma en peligro.

(…)

Y, sobre todo, perdonarnos a nosotros mismos, principales causantes de todos nuestros males. Perdonarse a uno mismo supone dejar de juzgarse, de condenarse, de sacarse punta: supone dejar de exigirse, de mirar insistentemente al pasado, de figurarse una y otra vez cómo podría haber sido todo. Perdonarse a sí mismo es reconciliarse con lo que uno ha sido y es.

RECONCILIARSE CON LO QUE UNO HA SIDO Y ES

La última frase del texto me parece clave para poder avanzar en nuestras vidas.

Porque el perdón nos permite reconciliarnos con nosotros mismos y con nuestra trayectoria vital. Te lo contaba hace poco en el artículo Del amor y del perdón.

Como te decía, todo lo vivido forma parte de nosotros. Lo que hemos vivido somos nosotros.

Si negamos el pasado, lo ocultamos, lo ignoramos… estamos negándonos a nosotros mismos.

Si el pasado nos inspira amargura, si nos sentimos víctimas… estamos cediendo nuestro poder a otros.

Todo ello nos ancla. Nos impide avanzar.

EL CAMINO SIGUE AHÍ PARA TI

Sin embargo, el camino sigue ahí para ti.

El camino nos insta a seguir avanzando.

Por supuesto, hay posadas donde hacer un alto y recuperarnos de las experiencias vividas, algunas pueden haber sido muy duras.

También podemos pedir ayuda, cuando sentimos que nos flaquean las fuerzas, y hacer parte del camino acompañados. Si abrimos el corazón, la ayuda llegará. Ten la seguridad.

Por mi parte, he puesto energía en cada palabra de este artículo y le he pedido que vaya directamente a tu corazón. Es mi regalo de Año Nuevo.

¿Quieres aportar algún comentario acerca de este artículo? Ya sabes que me encanta leerte y responderte.

Te abrazo, María

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