la luz de tu herida

La luz de tu herida

Si estás leyendo estas líneas es porque hay una herida en ti. Si estoy escribiendo estás líneas es porque hay una herida en mí. La tuya, como la mía, puede ser una herida que no se cierra del todo. Una herida aún abierta. La herida está limpia, no supura, pero no acierta a curar, hagamos lo que hagamos. La vida no nos lo permite. ¿Por qué? Quizá para que siempre la tengamos presente, para que no olvidemos el dolor que nos causó y que, sin embargo, nos permitió ir más allá de nuestro propio dolor. Un viaje iniciático, una búsqueda, un volver a recordar… para contactar con la luz que en esencia somos. Esa luz que brilla a través de tu herida.

LA EVOLUCIÓN A TRAVÉS DE LA HERIDA

Hace algunos años escribí el artículo Tiempo de transmutación. En él te cuento cómo la vida tiene dos caminos para que evolucionemos: la crisis y el «clic maravilloso».

En mi caso he pasado por los dos.

Pero primero de todo fue la crisis.

La herida.

El dolor.

¿Y qué pasa cuando recibes una herida? Pues que te revuelves, con rabia, ante lo que te sucede. Y tú también quieres morder, herir, ante la agresión, ante la injusticia.

Pero hay situaciones que, por una razón u otra, escapan a nuestro control. No estamos en posición de luchar, ni de defendernos.

Entonces la herida se va haciendo cada vez más grande. Y, con ella, nuestro sufrimiento.

Nos preguntamos: «¿Por qué a mí?».

Pero no hay respuesta. Simplemente, nos ha tocado.

«YA NO ES NECESARIO CRECER EN EL DOLOR»

Al poco de comenzar mi andadura en el camino del autoconocimiento, recibí un insight durante una meditación:

Ya no es necesario crecer en el dolor sino en la capacidad de crear y amar.

A día de hoy, esa frase tiene un significado claro para mí.

Porque el dolor existe y siempre va a existir. Pero cuando crecemos en el dolor estamos hablando de sufrimiento. Y ese es un camino sin salida. La herida se convierte en el único foco de atención, al que volvemos una y otra vez.

Hay otra opción y quizá con el tiempo seamos capaces de verla.

Rumi, el poeta, nos la recuerda:

La herida es el lugar por donde entra la luz.

Y te puedo asegurar que esa luz es como la descarga de un rayo.

Porque es una actualización de nuestra conciencia que surge, precisamente, a partir de la herida.

Se produce una verdadera transmutación que nos impulsa a avanzar, a seguir adelante, a explorar el nuevo camino que se ha abierto, todo lo que tiene que ofrecernos.

Conseguimos tomar al dolor de la mano y echar a caminar con él…

Es verdad que nunca podremos olvidar que el dolor es nuestro punto de partida. No se nos va a dejar olvidarlo. Por el contrario, es el estímulo que nos mueve.

«…SINO EN LA CAPACIDAD DE CREAR Y AMAR»

Al avanzar en nuestro proceso nos damos cuenta de que lo que nos sucede es común a todos los seres humanos.

Mi dolor no es solo «mi» dolor. Es un dolor que hunde sus raíces en el dolor de toda la humanidad.

No es fácil verlo desde esta perspectiva.

Pero cuando se produce ese «clic maravilloso», entonces sabes que hay otro camino y que se te invita a recorrerlo.

Y, al hacerlo, nos damos cuenta de que ya no estamos solos, de que caminamos junto a aquellos que van a resonar con nuestra energía.

Por eso, en nuestra mochila llevamos la capacidad de crear y de amar.

Para compartirlo. Igual que compartiríamos un poco de nuestro pan y nuestra agua con un compañero de camino.

Es esa capacidad de crear, ese impulso que te lleva a transformar la realidad, desde el amor, desde la compasión, lo que va a marcar la diferencia en nuestra vida y en la de todo lo que nos rodea.

LA LUZ DE TU HERIDA

La herida es el lugar por donde entra la luz.

Pero, quisiera añadir, que también es el lugar por donde sale la luz.

Esa luz irrepetible, que es la tuya, que es la mía, y que tiene la capacidad de trascender su dolor para iluminar el mundo.

Desde mi herida abierta, pero plenamente consciente y agradecida, te acompaño.

Ya sabes que me encantará leerte si quieres compartirnos algo.

Te abrazo, María

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Veronica

    Me encanta tu manera de transmitir, me siento muy identificada. Me siento agradecida por haber sido herida ya que eso detonó un cambio profundo en mi. No guardo rencor por el daño recibido, sin embargo es difícil no sentir dolor cuando con el paso del tiempo vuelven a herirte. Es aquí donde siento que debo atender, pues sigo creyendo en la bondad y a veces me creo inmune a la maldad y desgraciadamente no es así. Me han vuelto a enterrar el cuchillo y ahora no quiero llorar, ni sufrir. Sólo quiero paz. Pero parece ser que tendré que atravesar una dura tormenta para poder experimentarla.

    1. Hola Verónica, gracias por tu mensaje y por compartir este momento que estás atravesando y que te está atravesando. Las personas de una gran sensibilidad somos más profundamente tocadas por las heridas de la vida y, a veces, no logran cerrar del todo, aunque no haya rencor, aunque se haya perdonado.
      Mi experiencia es que hemos de subir, todavía, un escalón más. Y este es el más alto. Porque ahora nuestra ascensión particular es para no perder la fe, la confianza en nuestra propia fuerza, en nuestra luz.
      Llora si lo precisas, para eso nos acompañan las lágrimas, desahógate, exprésate. Pero no pierdas nunca la confianza en que vas a ser sostenida, siempre.
      Este camino que nos somete a presión también nos hace brillar más. Confía. Estás atravesando el portal de la sabiduría y la transformación interior.
      Te dejo el enlace a este artículo: ¡Ánimo! Un abrazo.

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