Entre la tierra y el cielo

 

Los miro, los siento, me dejo llenar por su presencia silenciosa. Mis dedos recorren su piel. Acaricio la tierra, el agua y el sol en cada rugosidad, en cada hendidura, en cada muñón. Acaricio el tiempo. El tiempo que ha sido necesario para materializar en esta tierra al espíritu que se adivina y se respira. Inmóviles pero flexibles, acunándose entre los brazos entrelazados del viento.entre la tiera y el cielo

¿Qué mensaje me hacen llegar?

Presencia. Aceptación. Honestidad. Firmeza.

Desde sus ridículos alcorques, los árboles contemplan nuestras idas y venidas por la ciudad. Han consentido amablemente en acompañarnos. No somos nosotros quiénes hemos decidido que estén ahí. Ellos han asumido su tarea.

Cuando los siento, con esa intensidad dentro de su aparente inmovilidad, entre la tierra y el cielo, no dejo de preguntarme cómo no arrancan sus raíces y se ponen en marcha, dándonos la espalda.

(Un homenaje a todos los árboles de Madrid que recientemente han sido talados)

Os abrazo, María

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