dejar de engordar el karma

Dejar de engordar el karma

Hace algunos años escribí el artículo Principios Universales: Ley de Causa y Efecto y entonces os prometí que daríamos una nueva vuelta de tuerca al tema cuando hablásemos de karma. Pues bien. Ha llegado el momento. Todo este tiempo ha sido necesario para completar un proceso kármico e integrar su verdadero significado. Así que hoy te voy a compartir una gran verdad. Y no, no es que el karma no existe. El karma existe, por supuesto. Pero hasta hace unos días, no me llegó la clave de cómo se puede dejar de engordar el karma. Es decir, minimizarlo. Está en nuestra mano conseguirlo. Pero para ello tenemos que tener en cuenta dos factores muy importantes y que vamos a explorar en este artículo: la culpa y el remordimiento.

¿QUÉ ES EL KARMA?

Karma es un vocablo sánscrito que significa acción.

Hemos venido a este mundo a actuar. Todo es acción. Incluso cuando decides no actuar, eso es una acción. Te lo contaba en los artículos Crónicas desde Accionalandia I y Crónicas desde Accionalandia II.

Como ya sabes, a cada acción sigue una reacción, a cada causa, un efecto. Todas las acciones que realicemos van a generar un resultado. Y ese resultado nos va a ser devuelto, queramos o no, como un boomerang.

Tanto si el resultado es bueno como si es malo.

Pero generalmente, cuando se habla de karma se alude al resultado malo (nunca se habla de karma cuando los resultados son buenos, sino de suerte o esfuerzo).

Es lo que se conoce popularmente como Ley del Karma. Y la opinión general es que es una ley odiosa que nos machaca. Y de la que hay que zafarse como se pueda.

Parece que nada tiene que ver con nosotros.

Pues bien. Es todo lo contrario. El karma –negativo o positivo– lo creamos nosotros a partir de nuestros actos. Nuestra vida es la suma de todas nuestras acciones.

Y este proceso es muy complejo, porque no se emite una acción al universo y ya está. El proceso no es neutro. La implicación, por nuestra parte, es total, desde el inicio al final de la acción. Incluso puede ir, mucho más allá y afectar toda nuestra vida.

Por eso es tan importante dejar de engordar el karma.

LAS CUATRO FASES DE LA ACCIÓN

Lo vamos a entender mejor si analizamos las fases de la acción. A grandes rasgos, son cuatro:

  1. La primera fase es la intención. Cuando decidimos emprender una acción hay detrás siempre un móvil, un objetivo, tanto si es una acción consciente como inconsciente. En este último caso no hablaríamos de acción sino de reacción. Pero, igualmente, las reacciones están dictadas por el subconsciente y él sí que conoce las intenciones o móviles que nos han hecho reaccionar así: son los patrones invisibles que mueven los hilos de nuestras vidas.
  2. La segunda fase es la acción en sí a lo largo de todo su desarrollo. En esta parte, es fundamental nuestra actitud.
  3. La tercera fase ocurre una vez finalizada la acción. Entonces se producen las valoraciones acerca de la misma, así como los juicios y etiquetas. Ha estado bien, ha estado mal, me siento bien, me siento mal, qué bien que lo hice, por qué tuve que hacerlo…
  4. La cuarta fase es la que se extiende indefinidamente en el tiempo cuando nos hemos quedado colgados de una acción. Como en el día de la marmota, la acción es revivida una y otra vez, intentando explicarnos por qué pasó lo que pasó y qué hubiera pasado si lo hubiéramos hecho de otra forma.

Vamos a ver ahora cómo se crea el karma en cada una de estas fases. Y cómo va engordando.

EL KARMA EN LA INTENCIÓN

Desde el minuto uno en que se genera el germen de una intención, ahí comienza a entrar en acción el karma (valga la redundancia).

Por ello, antes de emprender una acción hay que evaluar cuáles son nuestros objetivos y las consecuencias que puede traer dicha acción.

Hay que tener especial cuidado con las acciones en las que hay un móvil oculto. Por ejemplo, tienes una amiga que te parece una pesada pero quedas con ella a menudo. Es un fastidio pero lo soportas, porque tu amiga trabaja en una empresa que te interesa mucho y, vagamente, confías en que te ayude con una recomendación para conseguir un empleo. Lo de menos es que lo consigas o no. Ya has generado karma. Probablemente, tú también vas a ser utilizada por algunas de tus relaciones y puede que lo consideres injusto sin sospechar por qué te llega lo que te llega.

Así pues, tengamos bien presente nuestras intenciones y móviles y no pensemos que no cuentan. Cuentan y mucho.

ACCIÓN, DESARROLLO Y ACTITUD

Cualquier acción que emprendemos tiene un resultado, ya sea plantar un árbol o deforestar el Amazonas. El tipo de acción y las consecuencias que tiene para nosotros, para otros seres implicados y para el entorno genera karma.

Además, en las acciones que se extienden en el tiempo es muy importante la actitud. Imagina que un familiar cercano está enfermo y tienes que ocuparte de él, porque no existe otra alternativa. Si aceptas la situación y haces tu labor con paciencia y dedicación, generarás mucho menos karma negativo que si estás todo el día quejándote y sintiéndote una víctima.

Es justamente lo que enseña el karma yoga, según leemos en el Baghavad Gita. Aquello que hagamos ha de ser realizado al cien por cien de nuestra capacidad. Lo importante es nuestra actitud y no el resultado.

La actitud es siempre elección nuestra. Es de lo único que podemos responder conscientemente en esta vida.

LA VALORACIÓN DE LA ACCIÓN: LA CULPA

Cuando una acción termina y no nos gusta el resultado hacemos una valoración negativa. Inmediatamente, buscamos culpables. Dependiendo de nuestro carácter, buscaremos culpables fuera o dentro.

Cuando buscamos culpables fuera estamos huyendo de nuestra responsabilidad. Toda acción en la que hemos participado conlleva algo de responsabilidad por nuestra parte. Es un buen ejercicio examinar nuestra implicación en los hechos, pero sin caer en el otro extremo.

Sí, porque lo que más va a generar karma negativo en todo este proceso es, precisamente, la culpa.

Por ejemplo, una persona al volante de su automóvil choca contra un ciclista. Le entra el pánico y huye del lugar del siniestro. No había testigos por lo que piensa que nunca va a ser implicado en el asunto. Sin embargo, sí hay un testigo: su propia conciencia. Y esa vocecilla no cesa de aguijonear: «¿Habré herido al ciclista?». Puede que el conductor nunca sea atrapado. Aún así la culpa va a crecer y crecer y el karma a engordar y a engordar. Si en el momento del accidente se hubiera bajado del coche y asumido su responsabilidad, habría visto que al ciclista no le había ocurrido nada (aunque la bici quedó para el arrastre) y que todo se podía arreglar mediante la compañía de seguros. La culpa va a ser su peor castigo.

La culpa es un sentimiento devastador que, una vez instalado, es muy difícil escapar a él. La culpa va más allá de asumir nuestra responsabilidad por lo ocurrido. La culpa busca también la auto-destrucción.

COLGADOS DE LA ACCIÓN: EL REMORDIMIENTO

La propia palabra lo indica: remordimiento. Te muerdes una y otra vez a ti mismo reviviendo a cada momento lo que pasó. Es un castigo, atraído consciente o inconscientemente.

Cuando esta fase se extiende en el tiempo, incluso durante años, puede minar a la persona y acabar enfermándola, física y psicológicamente.

Otra variante es cuando analizamos una y otra vez la situación intentando encontrar una vía de escape, algo que justifique que obramos correctamente. Esto tampoco va a solucionar nada, por el contrario, al no cesar de transitar por los mismos pensamientos, los dotamos de más poder si cabe.

Años y años colgados de esa acción. Colgados del pasado, incapaces de avanzar.

Este es el karma más duro que puede existir.

PONERLE FRENO AL KARMA

Entonces ¿podemos escapar a la rueda del karma? No, no podemos. Pero, como te decía al principio, sí podemos minimizarlo.

¿Qué podemos hacer si estamos instalados en la culpa o en el remordimiento?

¿Cómo dejar de engordar el karma?

Estos son los puntos principales a poner en práctica:

  • Tener una mente proactiva y no destructiva.
  • Asumir plenamente las decisiones y acciones pasadas.
  • Tener claridad acerca de las intenciones y móviles que estaban detrás.
  • Darnos cuenta de qué es lo que falló y por qué.
  • Aceptar nuestra responsabilidad en los hechos.
  • Hacerse el firme propósito de no volver a cometer ese error.
  • Si estamos sufriendo ya las consecuencias de nuestros actos, agradecer que nos hemos dado cuenta y de que el karma generado ya se está disolviendo (de esto hablaremos en otro momento).

ADELANTARNOS AL KARMA

Podemos tomar delantera al karma viviendo conscientemente.

Esto significa tratar de que la mayor parte de nuestras acciones sean conscientes y no reacciones automáticas.

Es lo que te propongo en el Curso Crea Conscientemente tu realidad.

Conociéndonos a nosotros mismos, podemos entender nuestros patrones y reacciones, ensayar otras formas de responder a los retos diarios y sacar el máximo partido a la vida.

a tu ritmo

Siempre que sintamos que hemos salido de nuestro centro, podemos emprender una acción consciente para tratar de recuperar nuestro equilibrio.

Ahora mismo, revisa todo aquello que te desequilibra y mira si hay algo que puedes zanjar ya. Si es un malentendido con alguna persona, ¿por qué no hablar con ella y aclarar el asunto? Si hay algo que te incomoda en el trabajo ¿podrías intentar plantearlo a tus jefes o compañeros? La cuestión es preguntarnos si podemos hacer algo en este momento por aclarar la situación, hallar una solución y dejar de engordar el karma.

DEJAR DE ENGORDAR EL KARMA

Me quedan mil cosas que contar acerca del karma. Lo exploraremos más adelante. Pero hoy quería hacer hincapié en la relación entre karma, culpa y remordimiento. ¿Quieres compartir tu experiencia sobre el karma? ¿Eres de los que te sientes culpable por todo? ¿Te has dado cuenta de que puedes frenar el karma?

Déjame un comentario. Ya sabes que me encanta leerte.

Te abrazo, María.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Jesús Muñoz

    Gracias por tan valiosa información, casi siempre se ve el karma como lo malo o las consecuencias nagativas de nuestras acciones.

    1. Hola Jesús, es cierto, cuando karma es todo lo que vivimos, karma es nuestra vida entera, desde el minuto uno de nuestra existencia. Karma también son las cosas buenas que nos llegan, lo veremos en otro artículo. Gracias por tu comentario. Un abrazo 🙂

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