diálogo con el espíritu

Cómo comenzó mi diálogo con el espíritu

Hace unos veinticinco años me encontraba haciendo un trekking por Myanmar, la antigua Birmania, junto a un grupo de amigos. Un día nos encontramos a un anciano que caminaba a buen paso por el polvoriento sendero. Nuestro guía se paró, le saludó y cambió algunas palabras con él en su lengua. Luego se volvió a nosotros y, en inglés, nos dijo que aquel hombre era clarividente y que iba a una aldea vecina donde habían solicitado sus servicios. Un compañero le preguntó al guía que si le leería la mano. El guía tradujo al hombre la pregunta y este accedió. Otra compañera y yo nos apuntamos también. Y, así, al borde de aquel camino, uno tras otro tendimos nuestra mano abierta a aquel hombre que la tomó entre las suyas. Entonces no lo sabía, pero el diálogo con el espíritu estaba a punto de comenzar.

«TIENES QUE REZAR»

Cuando llegó mi turno, el anciano sostuvo mi mano y dejó vagar la mirada a lo lejos. Empezó a hablar acerca de mí, de cómo me sentía en ese momento, de las cosas que poblaban mi cabeza. Habló de que estaba enfadada, que no me llevaba bien con algunas personas… Al cabo de un rato me miró fijamente y dijo: «Tienes que rezar». Y soltó mi mano.

Me quedé mirándolo, por si añadía algo más. Pero se levantó, musitó algo al guía y este anunció que el anciano se marchaba ya. Le dimos la cantidad de dinero que nuestro guía nos sugirió y nos despedimos de él.

No sé mis otros compañeros, pero yo me quedé inquieta, insatisfecha.

La solución a mis problemas era eso: rezar.

Y yo no rezaba desde que tenía diez años.

ESCUCHANDO LA VOZ INTERIOR

Años después, en plena crisis existencial, me encontraba en los lavabos de una cafetería y enfrenté mi cara en el espejo. Un rostro profundamente alterado, lleno de dolor y de angustia, me contemplaba.

Entonces una voz salió de lo más profundo de mi misma, al tiempo que mi mano tocaba mi mejilla:

«¡No te preocupes. Todo va a salir bien!».

Nada salió bien ese día, ni al otro.

Pero algo había cambiado.

Porque ese día, en medio de la tormenta mental, se abrió como un rayo de luz la voz interior, la voz del espíritu.

Se me tendía una mano.

El diálogo con el espíritu se había reanudado.

Pero yo aún no me daba cuenta.

DESCENDIENDO DEL TRONO DEL EGO

La oración tampoco llegó entonces.

Todavía no había descendido por completo del trono del ego.

Seguía enfrascada en mi pelea contra el mundo.

¿Rezar? Para qué rezar si nadie me iba a ayudar.

Y si algo bueno me ocurría era por mis muchos esfuerzos, por supuesto.

No tenía que darle las gracias a nadie.

Y LA ORACIÓN BROTÓ

Tras tocar fondo, un día, en la oscuridad empezó a brillar una pequeña luz.

Siempre estaré agradecida a Reiki porque fue el camino que se me brindó para volver a conectar con mi voz interior.

Descubrí que había algo más allá de mi mente y de mi ego. Más allá de la historia, más allá de la personalidad llamada María Ródenas.

Y mi corazón, tan desolado, comenzó a abrirse.

Al abrir el corazón empecé a sonreír y a recuperar la alegría. Estaba motivada, llena de energía, con inmensas ganas de entender qué es lo que estaba sucediéndome.

Entonces, la oración brotó, sin darme cuenta.

No era una oración para pedir algo, sino para dar las gracias.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS

Desde entonces, la oración no ha dejado de acompañarme a diario.

Es mi manera de dialogar con mi voz interior.

No pido logros materiales para mí. Pero sí pido dirección y guía.

Y doy gracias.

Por el inmenso regalo de haber abierto los ojos y el corazón a la vida consciente.

Por haber recordado quién soy y cuál es mi dharma.

MI ORACIÓN DIARIA

Quiero compartirte la sencilla oración que hago todas las mañanas, al amanecer, después de hacer mi práctica.

En ella doy los buenos días a todo y a todos los que forman parte de mi vida.

Buenos días, Inteligencia Infinita del Universo.

Buenos días, Maestros y Guías que me acompañáis aquí y ahora.

Buenos días, Seres de Luz, que me protegéis y ponéis en mi camino las oportunidades necesarias para que pueda avanzar cada día.

Buenos días a todos los Seres Queridos que dejasteis este plano y desde otras dimensiones veláis por mí.

Buenos días a todas las Personas que formáis parte de mi vida: Familia, Familiares, Amigos, Conocidos. Sois mis maestros y mi apoyo en los momentos de debilidad.

Buenos días, muy especialmente, a mi conexión con el espíritu: mi Voz Interior. No dejes que me aleje nunca de ti.

En este día que comienza quiero dar gracias por cada oportunidad, por cada experiencia, por cada aprendizaje.

Pido dirección y guía para todas aquellas decisiones que haya de tomar hoy.

Abro el corazón y os reúno a todos en un cálido abrazo.

Gracias. Gracias. Gracias.

EL PODER DE LA ORACIÓN

Tardé unos años en entender lo que quería decir el anciano de Myanmar.

Entonces, pensaba que rezar era un signo de debilidad.

Ahora he comprendido el poder de la oración. Un poder que brota de nuestro interior, de sabernos en diálogo con una dimensión ilimitada de nosotros mismos.

Al entablar ese diálogo con el espíritu nos entregamos a la vida con una mayor consciencia. Cada hito del camino guarda un mensaje para nosotros. Así vamos avanzando en el camino del autoconocimiento.

COMIENZA TU DIÁLOGO CON EL ESPÍRITU

Te he compartido mi oración de las mañanas, puedes usarla si te resuena, pero quizá tengas ya la tuya. Me encantará que nos cuentes en los comentarios como es tu diálogo con el espíritu.

Si aún no tienes una oración… Quizás está en camino.

A punto de brotar, como me ocurrió a mí.

Ábrete, ten confianza y te llegará.

Te abrazo, María

Esta entrada tiene 10 comentarios

  1. LOLA

    NAPOLEON HILL dice lo siguiente:
    La FE, es el elemento químico primordial de la mente.
    Cuando la FE se mezcla con el PENSAMIENTO, el SUBCONSCIENTE capta la vibración, la traduce en su equivalente espiritual, y la transmite a la Inteligencia Universal, como en el caso de la PLEGARIA.
    Y claro que rezo cada mañana al despertar

    1. Hola Lola, gracias por tu aportación. Cuando en una plegaria pedimos ayuda para que algo nos sea concedido, lo importante es aunar pensamiento con sentimiento. Y que el subconsciente no boicotee, claro. Cuando estamos al 100% convencidos de lo que pedimos, eso se pone en marcha para nosotros. Esa es la fuerza de la fe. Un abrazo

      1. Pepa

        Gracias, María.
        Justo lo que voy buscando…siempre me aportas buenos consejos.
        un abrazo para ti y para todos/as.

  2. Mónica

    Muy buenas María

    Yo antes decía que rezaba cada día pero desde hace unos años digo que agradezco.
    La mayoría de las personas asocia rezar con el padrenuestro, avemarías y demás, quizá por ser España un país de tradición católica. Como lo que yo hacía era agradecer cambié el verbo.
    Siempre que visito algún país la primera palabra que quiero aprender si no conozco el idioma es GRACIAS.
    Muchas gracias María por el tiempo y energía que dedicas al blog.
    Un cálido abrazo,

    Mónica

    1. Hola Mónica, gracias por tu comentario. Sí, en occidente la oración ha perdido su significado, por eso yo hablo de «dialogar» con el espíritu, con nuestra voz interior. Es completamente diferente. Un diálogo se hace desde la presencia y la conciencia.
      Y me parece genial lo de aprender la palabra GRACIAS allá donde vas. Me lo apunto. Un abrazo

  3. Jesús Muñoz

    Guuuuuuuuaaaaaaaooooo, me identifico en un cien por ciento con ésta publicación viví cada etapa y así fue que busqué o encontré el Reiki hace 22 años. Gracias por compartir, bendiciones.

    1. Hola Jesús, muchas gracias por tu comentario, me he dado cuenta de que una gran parte de los lectores de este Blog han atravesado la noche oscura y están en el camino de sanar de sus heridas. Algunos quizá no lo lograremos del todo pero a cambio viviremos con una mayor consciencia. Un gran abrazo

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