Alimentación y energía vital

Hoy quiero hablarte de alimentación y de algunas prácticas a tener en cuenta para potenciar nuestra energía vital. Lo que comemos, cómo lo comemos y cómo lo cocinamos importa y mucho. Alimentación y energía vital están relacionadas. Prestando atención a estos consejos podemos mejorar nuestra salud física e incrementar nuestra vitalidad.

CÓMO NOS AFECTA LA ALIMENTACIÓN

En el artículo Limpieza de chi te contaba que el chi o energía vital es uno de los niveles fundamentales de nuestra existencia. La energía vital, como su propio nombre indica, anima la vida. Y puede potenciarse con la alimentación, la respiración correcta y los ejercicios energéticos, como yoga o chikung.

En dicho artículo te proponía una práctica para mejorar tu energía vital a través de la respiración. Generalmente no prestamos atención a nuestra respiración. Y, en muchos de los casos, tampoco lo hacemos a nuestra alimentación.

Sin embargo, una alimentación deficiente, pobre en nutrientes o, por el contrario, una alimentación exagerada o compulsiva afectan no solo a nuestra salud sino también a nuestra energía vital.

Asimismo, nuestra actitud emocional tanto al cocinar los alimentos como al comerlos va a influir en «cómo nos sientan» y en cómo los aprovechamos.

Vamos a ver todo esto.

ELECCIÓN DE LOS ALIMENTOS

Para obtener la máxima energía de los alimentos los escogeremos siempre de temporada. En cada estación, la naturaleza nos provee de todo lo necesario para nutrirnos correctamente.

De vez en cuando podemos darnos un capricho aunque ¿no os resulta raro ver melones o sandías en los puestos de fruta en pleno invierno?

Cada vez más me dejo guiar por mi cuerpo. Él me dice lo que debo comer, los alimentos frescos que van a sentarme bien. Por ejemplo:

  • Primavera: espárragos, fresas, frambuesas…
  • Principios del Verano: judías verdes, albaricoques, cerezas…
  • Verano: melocotones, melones, sandías, higos, lechugas, tomates, pimientos, pepinos, calabacines, berenjenas…
  • Otoño:  uvas, peras, manzanas, calabaza, frutos secos, semillas, setas…
  • Invierno: naranjas, limones, mandarinas, algas…

Además, todo el año solemos contar con diferentes variedades de legumbres, cereales, patatas, ajo, cebolla,  especias, hierbas culinarias desecadas, aceite… Los ovolactosvegetarianos también tienen los huevos y la leche y sus derivados.

Por supuesto, los alimentos de temporada variarán en función del lugar donde vivamos. No es igual vivir en la zona templada del hemisferio norte (que es mi caso) que en pleno ecuador.

LA CONSERVACIÓN DE LOS ALIMENTOS

La máxima energía vital se obtiene de los alimentos que han sido recolectados hace pocas horas. Como no todos podemos tener una huerta, la mejor garantía es escoger alimentos de proximidad, de nuestra provincia, comunidad o país.

Los alimentos importados son más caros, su transporte genera más impacto ambiental y, además, suelen pasar muchas horas en cámaras frigoríficas, mermándose su vitalidad.

Una vez en nuestra casa, conservaremos en la nevera los alimentos más delicados (fresas, verduras, hortalizas) y el resto (patatas, cereales, legumbres) los dejaremos a temperatura ambiente (siempre que no haga demasiado calor).

Los alimentos frescos deben consumirse inmediatamente. Aunque estén en la nevera, cada día que pasa pueden perder gran parte de su vitalidad.

LAS FORMAS DE COCINAR

Al igual que ocurría con los productos de temporada, cada estación tiene una forma de cocinar apropiada a su climatología:

  • Primavera: cocciones más cortas, escaldados, hervidos.
  • Verano: cocción al vapor, salteados, crudos.
  • Otoño:  fritos, estofados, guisados.
  • Invierno: cocciones más largas, horneados, olla a presión, parrilla.

No obstante, se pueden alternar estos métodos de cocción en función de nuestras necesidades. Pero ¿a qué os apetecen más las ensaladas en verano y las sopas en invierno? El cuerpo es muy sabio.

ACTITUD EMOCIONAL AL COCINAR LOS ALIMENTOS

A la hora de cocinar, cómo nos sentimos emocionalmente influye en la vitalidad de nuestros alimentos.

Si estamos preocupados, estresados o llenos de ira, ten por seguro que esto va a pasar al plato que estamos cocinando. Si lo vamos a comer nosotros, estaremos comiéndonos nuestros propios pensamientos negativos. Pero, fíjate qué responsabilidad si estás cocinando para otros.

Muchos de mis Maestros se han referido constantemente a este aspecto. Uno de ellos, incluso, se cocinaba él mismo sus alimentos para asegurarse que no ingería alimentos con una vitalidad dudosa.

Como recomendación, si estamos alterados no cocinemos alimento. Mejor, esperemos a estar más tranquilos.

SENTARSE A LA MESA

Igualmente, el momento de ingerir el alimento es muy importante. Es conveniente dedicarle el tiempo necesario y concentrarse en lo que estamos comiendo.

La antigua costumbre de bendecir la mesa tenía la misión de poner un punto y aparte en las tareas habituales. Además, se guardaba silencio para poder concentrarse en la ingestión de la comida.

En cambio, ahora comemos cualquier cosa rápidamente, de pie, atendiendo el ordenador o el móvil y sin prestar atención a nuestra alimentación. O puede que pongamos la televisión y las noticias, casi siempre desagradables, se cuelen en nuestra dieta sin darnos cuenta.

Lo que comemos es importante. Cómo lo comemos, también.

LA IMPORTANCIA DE LA DIGESTIÓN

Y ahora viene una parte no menos importante: la digestión de los alimentos.

Nuestro sistema digestivo es el caldero donde se van a extraer los nutrientes de los alimentos. Estos nutrientes, asimilados al oxígeno que respiramos, se transformarán después en energía.

Cuando nuestro sistema digestivo es débil no conseguimos extraer los nutrientes de los alimentos. Además, están los desechos que se van acumulando en nuestros intestinos, en nuestra sangre y que, finalmente, obstaculizarán nuestros canales energéticos. Todo esto nos resta vitalidad.

Un sistema digestivo fuerte es necesario para digerir y asimilar adecuadamente los alimentos. Por eso, debemos cuidar lo que comemos y, también, la cantidad.

Lo ideal es una dieta equilibrada, adaptada a nuestro sistema digestivo, con alimentos que no sean demasiado extremos porque a la larga causan problemas a nivel de salud y de vitalidad.

También se recomienda comer raciones pequeñas y es muy saludable levantarse de la mesa antes de sentirnos completamente llenos.

ALIMENTACIÓN Y ENERGÍA VITAL

Podríamos seguir hablando de alimentación y energía vital durante horas. Pero de momento lo dejamos aquí. Espero que te sirva para ser más consciente de la importancia que tiene en tu vitalidad la elección de los alimentos, su conservación, su cocción, su ingestión y asimilación.

Me encantaría que me contaras cómo es tu dieta y si sientes que te llena de vitalidad o te falta algo. ¿Cuáles son los alimentos de temporada donde tú vives? ¿Cuál es el método de cocción que más utilizas? Compártelo un poco más abajo donde dice «Deja una respuesta».

Os abrazo, María

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Imagen de JamesDeMers en Pixabay

2 respuestas a «Alimentación y energía vital»

  1. Hola Maria! Yo desde hace un tiempo procuro comer todos los dias verduras, si que es verdad que muchas veces son congeladas .
    Hago ayuno intermitente dos veces por semana desde las seis de la tarde a las 10 de la mañana y también procuro no comer muchas carnes ni alimentos procesados.
    Una vez a la semana como pizza que me encanta.
    Que te parece?
    Un beso

    1. Hola Ángeles, hablando del valor «energético» del alimento (y no me refiero a las calorías) los congelados no son la mejor opción. No es necesario prescindir de ellos sino que sean un complemento. Los alimentos frescos de temporada tienen un nivel de vibración mucho más alto y nos aportan más beneficios. Sobre los alimentos procesados yo los he eliminado prácticamente de mi dieta, cada vez me sientan peor. Con respecto al ayuno es una buena forma de detoxificar el organismo si se hace con moderación. Y me parece muy bien lo de la pizza, a mí también me encanta. Gracias por compartir. Un abrazo

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