Cómo atraer a mi vida lo que quiero

“Por incidencia en la red, el servicio no se presta con regularidad”. Los usuarios de metro hemos escuchado este mensaje muchas veces. Se produce un fallo técnico en la instalación y, entonces, el tren que esperamos se retrasa. O si es este el que tiene una avería, tendrá que ser retirado y no llegará nunca… Hace poco me vino esta imagen a la cabeza mientras pensaba en cómo atraer a nuestra vida lo que queremos. ¿Qué qué tiene que ver? Pues enseguida te lo cuento.

atraer

ATRAER LO QUE QUIERO ES FÁCIL, PERO…

Ya os he comentado que todo lo que hay a nuestro alrededor es una creación mental. Existe porque alguna vez se pensó. Así que si queremos que algo llegue a nuestra vida solo tenemos que imaginarlo.

Sí, es así de sencillo. La primera regla para atraer lo que queremos es visualizarlo en nuestra mente.

En segundo lugar, una vez elegido el objetivo, tenemos que fijar la atención y la energía en eso que queremos. Hacerlo uno con nosotros.

Esto significa estar convencidos de que va a suceder.

Y aquí viene la cuestión peliaguda. Porque van a empezar a surgir los peros:

Quiero esto pero…

  • Puede que no sea el momento.
  • Ahora estoy muy ocupad@.
  • Es demasiado complicado.
  • Esto no es para mí.
  • Ya lo intenté una vez y me salió mal.
  • Nadie va a querer ayudarme.

¿Se os ocurren algunos peros más? Seguro que sí. Pues esto es lo que solemos hacer cuando queremos algo pero dudamos de que podamos conseguirlo por las razones que sean. Bloqueamos la red de energía entre nosotros y lo que queremos.

INCIDENCIA EN LA RED DE ENERGÍA

Entre lo que deseamos y nosotros se ha establecido un flujo de energía, de manera que cuando se den las condiciones adecuadas obtendremos lo que queremos. Como he dicho muchas veces, quizá no será de la forma en que lo habíamos imaginado pero, en esencia, será lo que necesitábamos en ese momento.

Pero, ¿qué ha pasado? Pues que nada más elegir nuestro objetivo lo hemos adornado con una ristra de “peros”. Y de esta guisa el objetivo no está claro, más bien está turbio. La energía, entonces, se detiene indecisa: ¿tengo que conseguir este objetivo o mejor no, porque no es un buen momento, es demasiado complicado, nadie va a querer ayudarme, etc., etc.?”

Imaginad el cacao que se monta. ¡Esta es la “incidencia en la red” a la que me refería!

Así que estamos en la estación, esperando que llegue el tren de los deseos, pero no llega. Y nos vamos poniendo cada vez más nerviosos o preocupados. La necesidad de controlar y la manipulación aparecen, generando aún más crispación en el flujo de energía.

Si seguimos así el tren va a tardar bastante en aparecer. Incluso, puede sufrir una avería gorda y no llegar jamás.

¡NO PONGAS LA ENERGÍA EN LO QUE NO QUIERES!

Esta es la tercera regla para atraer lo que queremos. Y para mí es de suma importancia. Porque aquí se halla el quid de la cuestión.

Cuando tenemos miedo o dudas acerca de lo que queremos conseguir (o de cómo hacerlo) estamos poniendo más energía en los contras que en los pros.

Desde luego, está bien sopesar los pros y los contras. No siempre todas las ideas que se nos ocurren son buenas. O puede que llevarlas a cabo suponga un esfuerzo enorme. Incluso, tal vez, parezcan buenas para nosotros, pero causen problemas a nuestro alrededor. Todo esto hay que valorarlo.

Pero tú y yo sabemos que hay algo ahí en el fondo que vale la pena. Eso que se nos da bien, que nos hace felices. Quizá sea complicado ponerlo en marcha. Quizá, de momento, no obtengamos el apoyo de los que nos rodean. Pero si estamos cien por cien convencidos de lo que queremos, te aseguro que llegará.

Así que no pongas la energía en lo que no quieres. Ponla, en lo que quieres. De esta manera no se generarán incidencias en el flujo de energía.

Resumiendo:

  • claridad en lo que queremos,
  • concentración en los objetivos,
  • ¡y no boicotearnos!

Esas son las claves. Y, ahora, me encantaría que me contases tus experiencias al respecto. ¿Eres de los que siempre pones “peros”? ¿Qué objetivos sueles “boicotear” recurrentemente?

Os abrazo, María