Sanar con los árboles

Ya sabéis lo mucho que me agradan las plantas y los árboles y cómo desde este blog los he defendido de las talas indiscriminadas que muchos ejemplares mayores han sufrido en mi barrio. Hoy quiero traer aquí mi experiencia con estos gigantes de la naturaleza y contaros cómo es posible comunicarse y sanar con los árboles.

sanar con los arboles

COMUNICAR CON LOS ÁRBOLES

Hace un tiempo os contaba en el artículo Otros mundos, otras conciencias que cuando comienza a expandirse nuestra conciencia podemos desarrollar una comunicación con otras formas de inteligencia, como los animales y las plantas. No hay nada como apearse del pedestal y abrirse a lo que tenemos alrededor para que empecemos a percibir lo que siempre ha estado ahí y, sin embargo, éramos incapaces de ver.

Lo primero que me llamó la atención fue que podía ver el campo de energía que emitían los árboles, especialmente los de más edad. Lo que se aprecia es como si el aire vibrase sutilmente en torno al árbol. Después, empecé a percibir en mí esa energía a través de centros energéticos como los de las manos o el de la coronilla, que se activaban poderosamente al entrar en contacto con un árbol.

Con el tiempo, estas sensaciones se incrementaron. Si al pasar junto a un árbol se activaba mi energía, levantaba los ojos hacia él, me detenía y le saludaba respetuosamente. El árbol parecía estarme diciendo “¡Hola! ¿Cómo estás? Sé que puedes sentirme y yo quiero sentirte a ti”.

DESCUBRIÉNDONOS A TRAVÉS DE LOS ÁRBOLES

Así nació mi amistad con los árboles. He pasado hermosos momentos sentada frente a ellos, dejándome llenar por su presencia, recibiendo mudas lecciones sobre la aceptación, la honestidad y la firmeza.

También he vivido momentos de puro gozo y mente vacía, embebida en la contemplación de los rugosos troncos, las suaves hojas y las frágiles flores. Creedme, sé qué significa quedarse con la boca abierta. Es una sensación de total voluptuosidad.

Pero los árboles también me han mostrado mis miedos. Y ha sido precisamente en el bosque donde esto ha ocurrido. El bosque es un lugar retirado y profundo, exactamente igual que nuestro subconsciente. Todo surge en el bosque porque es un lugar donde permanecemos alerta y los miles de árboles que lo pueblan son silenciosos centinelas de la verdad.

SANAR CON LOS ÁRBOLES

El bosque no solo ayuda a liberar nuestros miedos y condicionamientos; también los sana.

De todos es sabido que pasear entre los árboles reduce el estrés, calma la mente y favorece el pensamiento positivo. Son muchos los factores que influyen en esto, empezando porque el aire del bosque tiene un alto porcentaje de oxígeno. Nada que ver con el aire contaminado de las ciudades. Pero, además, los árboles y las plantas emiten ciertas sustancias que, a modo de aromaterapia, ayudan a reforzar el sistema inmune.

Por otro lado, el silencio, la quietud, la armonía que se respiran en un bosque son altamente curativos.

Tenemos déficit de naturaleza. Pasamos demasiado tiempo delante de pantallas de ordenadores y móviles y hemos desconectado de nuestras raíces. Estos baños de bosque nos ayudan a centrarnos y a alinearnos con nosotros mismos.

ABRAZAR A LOS ÁRBOLES

Abrazar a los árboles, es un ejercicio sumamente terapéutico que nos conecta con memorias olvidadas que, sin embargo, están codificadas en nuestro ADN. Venimos de una misma célula, somos criaturas de este planeta, compartimos el mismo padre y la misma madre. Enseñanzas que parecen obvias y que, sin embargo, es importante integrarlas, porque nos proporcionan confianza y seguridad, como os comentaba en Madre Tierra, Padre Cielo.

Pero, para abrazar a los árboles, primero hay que conectar con ellos. Al igual que nos pasaría a nosotros, el árbol tiene que estar receptivo al contacto. Tenemos que dejar de lado nuestra mente utilitarista que cree que todo es suyo y que puede disponer de la naturaleza sin pedir permiso. Solo desde el respeto, la interacción con los árboles es posible. Si vuestra intención es distinta, se cerrarán herméticamente.

Podéis escoger un árbol de un jardín cercano e ir a visitarlo a menudo para que empiece a distinguir vuestra presencia. Sentaos frente a él y en silencio contempladle. Comunicadle vuestras intenciones amistosas. Y abríos a las sensaciones que vais a recibir. No esperéis nada en concreto. Un día llegará en que os levantaréis y le tocaréis y empezará otra fase en vuestra relación. Y cuando os dé permiso para abrazarle, dejaos llevar.

Es así como uno comienza a sanar con los árboles.

Os abrazo, María

¿Queréis compartir vuestras experiencias al respecto? Hacedlo más abajo, donde dice: “Deja un comentario”.

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Comunicadora, escritora, imparto cursos y talleres sobre el autoconocimiento, el bienestar y el crecimiento personal. Inspirada por el viaje del ser humano hacia una mayor vibración energética y un mayor grado de conciencia. Mi cometido, más allá de métodos o terapias, es facilitar espacios para que la conciencia despierte.

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6 opiniones en “Sanar con los árboles”

  1. Hola, María. No he tenido una experiencia especial con los árboles aún. Aunque me agradan y me encantan los bosques. Bueno, ahora que lo pienso, tal vez, sí he tenido un momento especial. En mi último viaje a la Patagonia he visitado un Parque Nacional. La excursión fue corta. Estaba enojada porque el guía nos dió poco tiempo para disfrutar del lugar, llegar a un glaciar y volver. Cuando regresaba, corriendo, al autobús, iba llorando (!!!) y me prometía a mi misma volver. El lugar estaba lleno de árboles y el camino bordeaba un río caudaloso.

    La experiencia de la cual he sido consciente es la siguiente: Las veces que he vuelvo del trabajo agotada y preocupada y me he puesto a arreglar las plantas que tengo en mis macetas, o sea, me he puesto a tocar las hojas y cuidarlas, estas me han ayudado a relajarme.

    El estar en el campo y en especial en un bosque me hace FELIZ 🙂

    1. Hola Maria Cristina, me hablas de la Patagonia y me pones los dientes largos. Pues seguro que regresarás a ese lugar si sentiste que tenías que permanecer más tiempo allí. Lo que me cuentas de las macetas, a mí me pasa igual. Siempre me ha relajado mucho y me ha limpiado la mente. Y contemplar al final el trabajo realizado, esas plantas bien cuidadas y regadas, hace que el sistema inmune se fortalezca. Me encanta saber de ti. Un abrazo

  2. Llevo haciendo lo que dices hace tiempo. Empecé de forma casual. Voy a clase de tenis y al volver a casa atravieso un parque en el cual me gusta parar y estirar para evitar lesiones. Uno de esos estiramientos consiste en apoyarse con las manos en el tronco del arbol y empujar a la vez que te agachas. Lo llaman la postura del caballero. Ese primera vez hacia viento y pude notar como se movia la copa del arbol y me dejé llevar por esa sensación de estar unido a él, ser parte de sus raíces. Y flotar en lo mas alto. Y sentí su energía. Es como calambre o asi me lo pareció. Le agradeci que me ofreciera su oxigeno. Ese maravilloso intercambio que es la fotosintesis.
    Siempre que paso saludo a ese arbol. Pero si tengo oportunidad lo hago con otros árboles y siento que son la vida que hace latir nuestros corazones. Siempre me han parecido importantes ahora creo que son imprescindibles.

    1. Hola Luis, qué bella historia, sí, los árboles son imprescindibles, y no solo por sus muchos beneficios a nivel físico, sino también por todo lo que nos aportan a otros niveles. Son grandes sabios, algunos de ellos tienen cientos, incluso miles de años. Un largo tiempo para conectar con el planeta y desarrollar una sabiduría que tanta falta nos hace. Un abrazo querido amigo

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