Entre la tierra y el cielo

entre la tiera y el cielo

Los miro, los siento, me dejo llenar por su presencia silenciosa. Mis dedos recorren su piel. Acaricio la tierra, el agua y el sol en cada rugosidad, en cada hendidura, en cada muñón. Acaricio el tiempo. El tiempo que ha sido necesario para materializar en esta tierra al espíritu que se adivina y se respira. Inmóviles pero flexibles, acunándose entre los brazos entrelazados del viento.

¿Qué mensaje me hacen llegar?

Presencia. Aceptación. Honestidad. Firmeza.

Desde sus ridículos alcorques, los árboles contemplan nuestras idas y venidas por la ciudad. Han consentido amablemente en acompañarnos. No somos nosotros quiénes hemos decidido que estén ahí. Ellos han asumido su tarea.

Cuando los siento, con esa intensidad dentro de su aparente inmovilidad, entre la tierra y el cielo, no dejo de preguntarme cómo no arrancan sus raíces y se ponen en marcha, dándonos la espalda.

(Un homenaje a todos los árboles de Madrid que recientemente han sido talados)

Os abrazo, María

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Comunicadora, escritora, imparto cursos y talleres sobre el autoconocimiento, el bienestar y el crecimiento personal. Inspirada por el viaje del ser humano hacia una mayor vibración energética y un mayor grado de conciencia. Mi cometido, más allá de métodos o terapias, es facilitar espacios para que la conciencia despierte.

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