Toc, toc

llamada interior

La vida puede dar muchas vueltas… hasta conseguir encontrarnos. Muchos de nosotros nos hallamos ahora en un momento de cambios vertiginosos, inmersos en una verdadera crisis que afecta a nuestros valores más profundos como seres humanos. Más allá de los logros personales o los intereses materiales, la búsqueda de nuestra verdadera identidad está en juego. Puede que aún no lo sepamos, pero alguien está empezando a llamar a nuestra puerta. Y esa llamada no proviene del exterior sino de nuestro propio interior. Descubramos quién está haciendo “toc, toc”.

Desde hace tiempo una cierta insatisfacción nos invade, la vida que conocemos parece perder un poco de su ingenuo brillo. Es un sensación a la que intentamos no conceder atención. Seguimos adelante, cifrando nuestro interés en nuevas metas, intentando acallar nuestros sentimientos. Pero ni los logros personales ni las adquisiciones materiales consiguen apagar nuestra sed.

Más tarde pueden empezar a pasarnos cosas. La vida puede dar un giro de 180º. Quizás se trate de algún tema de salud, quizás algún problema económico o laboral o puede que sea nuestra vida familiar o sentimental la que no acabe de encajar… Ahora sí que prestamos verdadera atención y nos lamentamos: “¿Por qué todo me pasa a mí?”.

Podemos quejarnos hasta quedar roncos, pero ¿por qué no abrirnos a la realidad y escuchar atentamente, tratando de averiguar qué nos quieren decir todos esos mensajes?

Quien está llamando a nuestra puerta, quien trata, a veces de una forma drástica, de llamar nuestra atención, no es otro que nuestro verdadero ser interno, la dimensión más auténtica de nosotros mismos.

Desde que llegamos a este mundo, nuestra educación y formación ha estado encaminada a adaptar nuestro forma de pensar y actuar con el fin de protegernos y encajar dentro de un modelo social, pero por el camino se ha perdido parte de nuestra integridad y, sobre todo, se han creado muchas barreras que nos impiden expresarnos como el ser total que realmente somos.

El miedo, ese compañero que viaja con nosotros desde hace tantos años, ha sido nuestro guía. Nos ha protegido del dolor, negando aquellas experiencias que nos han hecho daño. Al no querer asumirlas, su carga negativa nos sigue lastrando, impidiendo que avancemos en nuestro camino y, a día de hoy, nosotros somos los primeros que nos imponemos límites y barreras.

¿Cómo liberarnos de esas barreras que impiden nuestro crecimiento como personas? ¿Cómo acceder a esa dimensión auténtica?

Sólo podemos hacerlo desde un espacio de apertura, emprendiendo un viaje de introspección para descubrir nuestra verdadera fuerza interior. Para ello podemos utilizar métodos que trabajan con la energía vital, que nos ayudan a centrarnos y a profundizar en nosotros mismos, facilitando la comprensión de nuestra relación con el mundo y de nuestra verdadera misión de vida.

Nuestra implicación en este proceso es vital ya que, cuando nos damos cuenta de que cada uno de nosotros es el principal responsable de su bienestar, hemos dado el primer y más importante paso hacia el equilibrio.  En estos métodos, el terapeuta es un facilitador que ayuda a avanzar en el camino, actuando siempre como un testigo respetuoso del proceso de la persona. El terapeuta no es sólo alguien que ha adquirido los conocimientos necesarios, sino que, al haberlos integrado, se encuentra cualificado para orientar y acompañar en su proceso a otras personas.

Cada uno tenemos nuestro momento para emprender el camino. Si estás leyendo este artículo puede que el tuyo haya llegado ya.

Os abrazo, María

¿Queréis compartir vuestras experiencias al respecto? Hacedlo más abajo, donde dice: “Deja un comentario”.

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Comunicadora, escritora, imparto cursos y talleres sobre el autoconocimiento, el bienestar y el crecimiento personal. Inspirada por el viaje del ser humano hacia una mayor vibración energética y un mayor grado de conciencia. Mi cometido, más allá de métodos o terapias, es facilitar espacios para que la conciencia despierte.

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