El invierno: descenso a lo profundo

energía del invierno

El solsticio de invierno se acerca. Aunque quedan unos cuantos días para su entrada oficial, ya podemos sentir la presencia de una nueva estación. Las horas de luz solar disminuyen un poco más cada día, el frío ha hecho que saquemos gorros y bufandas del armario, el viento arranca implacable las hojas de los árboles y hasta la nieve nos ha sorprendido cubriendo campos y ciudades con su blanco manto. La naturaleza se prepara para recogerse y entrar en un periodo de silencio e introspección.

El invierno es la época en que la vida desciende a lo más profundo de sí misma, volviendo a su origen. La semilla se introduce en la tierra y espera pacientemente la llegada de la primavera para brotar. En la oscuridad y el silencio la vida se detiene. Durante este periodo meditativo todo el colosal engranaje de la naturaleza es puesto a punto hasta la resurrección de la primavera.

Los seres humanos, alejados del profundo significado de los ciclos naturales, seguimos con nuestra frenética actividad pero igualmente nos vemos influidos por todos estos cambios:

  • La disminución de la luz solar determina la falta de vitalidad y la tendencia a la melancolía.
  • La alternancia entre el frío de la calle y el exagerado calor de las viviendas o locales nos predispone a las enfermedades del tracto respiratorio.
  • La falta de movimiento y de ejercicio físico lleva a una mayor rigidez de las articulaciones, especialmente las de las extremidades inferiores, que puede dar lugar a problemas de espalda, cadera, rodillas, tobillos…

Mantener el contacto con la naturaleza, disfrutar de la luz solar en nuestra piel –¡aunque sea media hora al día!–, acostumbrar a nuestros pulmones paulatinamente al aire frío, a través de una respiración consciente, evitando los contrastes con los ambientes cargados y, finalmente, hacer ejercicio físico moderado es esencial para mantener nuestra vitalidad, impedir los estancamientos de energía y contribuir a que nuestro engranaje funcione correctamente durante esta estación.

Desde esta fuerza vital, que nos hemos procurado y que nos sostiene, podemos aprovechar las horas de oscuridad y de silencio para profundizar en nosotros mismos, para escucharnos, para comprendernos. Meditar es eso, sencillamente: contactar con nuestra realidad interior.

Según la Teoría de los Cinco Elementos, el Agua es el proceso energético que corresponde al invierno, un tiempo de reposo y de suspensión pero con un gran poder regenerador. Como el Agua, podemos ser la fuerza que descienda a lo más profundo y descubrir, sin miedo, quiénes somos, qué queremos, por qué estamos aquí.

Cuenta Achim Eckert en su libro El Tao de la curación: “El elemento Agua alberga los secretos más profundos de la vida. Si seguimos a la fuerza del Agua quedamos interiormente tranquilos y el espejo del lago se alisa. En esta calma interior se abre paulatinamente el mundo de los sueños y de lo inconsciente. El Agua es el elemento de la sumersión en uno mismo y de la meditación. Si nos sentimos “en casa” en la profundidad, afrontaremos las tormentas de la superficie con tranquilidad”.

Bienvenido al invierno.

Os abrazo, María

Fotografía: Wikimedia Commons

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Comunicadora, escritora, imparto cursos y talleres sobre el autoconocimiento, el bienestar y el crecimiento personal. Inspirada por el viaje del ser humano hacia una mayor vibración energética y un mayor grado de conciencia. Mi cometido, más allá de métodos o terapias, es facilitar espacios para que la conciencia despierte.

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